jueves, 4 de mayo de 2017

Desenfocado


TRIBUNA INVITADA
Endi*

publicado en El Nuevo Día el jueves, 4 de mayo de 2017


Lo urgente no deja tiempo para lo importante. Cuando Jesús se volteó a mirar a la “mujer del flujo de sangre”, el episodio tomó un giro inesperado. La mujer, enferma desde hace doce años, había sido sanada al instante; ¿Cuál es la necesidad de la conversación? Si el milagro ya fue hecho y Jesús anda con prisa camino a sanar una niña; ¿para qué se detiene? Dice el texto bíblico que al instante en que la mujer tocó el manto del Maestro se sanó. Dice también el texto que Jesús, al conversar con ella, la salvó. El contraste entre sanidad y salvación deja claro que la mujer va en busca de atender su urgencia, Jesús en cambio atiende lo importante.

Mafalda, en su discurso filosófico y acertado, en una caricatura un tanto curiosa, reflexiona sobre esto mismo;  “Como siempre: lo urgente no deja tiempo para lo importante” dice el amor de la vida de Quino, y creo que esta mujercita sabionda entiende perfectamente el asunto de las urgencias y de las importancias. Yo he llegado a la conclusión que este asunto de lo urgente versus lo importante, es uno medular en nuestro País.

El tema obligatorio de todos es el multitudinario paro el pasado lunes y la violencia ocasionada por unos pocos. Sin embargo, analizar el paro dejando a un lado las circunstancias que llevan a miles a una manifestación de tal capacidad es simplemente un ejercicio incompleto. Hablar de la violencia al Popular Center sin considerar la enorme concentración pacífica de la marcha es ser ciego. Hubo una manifestación masiva, pacífica, organizada y unida reclamando una sola cosa: que se le preste atención a los asuntos importantes.

Y es precisamente la inacción gubernamental ante los asuntos de importancia que provocan esta manifestación. Se trabaja con urgencia el asunto de reponer unos cristales rotos, pero se ignora la importancia de aclarar quiénes y con qué razón rompieron estos cristales. Se trabaja con urgencia el asunto de arrestar a manifestantes, pero se ignora la importancia de dar detalles sobre los vándalos que no componen los movimientos organizadores del evento.

Como estos ejemplos hay muchos: La urgencia de asignar contratos milenarios a líderes derrotados en urnas o personalidades de la farándula, ignorando la importancia de atender los salarios de los maestros  y empleados públicos del País. La urgencia de ir a limpiar los daños causados en la Milla de Oro, ignorando la importancia de las escuelas con salones inhabitables, los caminos sin alumbrado donde ocurren accidentes y las carreteras intransitables por los hoyos. Se trabaja con urgencia para definir el estatus de la Isla mediante un plebiscito, pero no se atienden los asuntos importantes de la identidad puertorriqueña ni la cultura, y su impacto social a través de la clase artística o magisterial.

Se atiende urgentemente el asunto de proyectos como el 938 y la Reforma Laboral, pero no se atiende la importante necesidad del desarrollo de una clase trabajadora sin opresiones y que perpetúe oportunidades.

Se han atendido con mucha urgencia los asuntos de recortes a la Universidad de Puerto Rico, la perspectiva de género, el referido del alcalde Héctor O’Neill sin acciones, el cierre de las puertas al Capitolio y hasta el flamenco de Camuy.

Pero asuntos importantes como auditar la deuda y determinar su legitimidad, la dignidad de todos los seres humanos y el respeto de su sexualidad, el discrimen contra la mujeres y la perpetuación de comportamientos de machismo y hostigamiento, la libertad de todos los puertorriqueños a ser partícipes de los procesos del País y el maltrato animal existente en la Isla han quedado en un segundo plano.

Mafalda grita nuevamente, lo urgente y lo importante.

La crisis que enfrentamos como País es bastante seria. Muchos y muchas están de acuerdo en que esto trasciende los asuntos políticos, los partidos y los ideales. La crisis es de País, no de los colores. Y como pueblo hemos estirado la mano en un intento de que nuestros líderes se volteen a mirarnos y a conversar, tal y como hizo Jesús con la mujer.

Lo triste del asunto es que hasta hoy, luego de agarrar, estrujar, jalar y hasta desgarrar el “borde” del “manto” del liderato de la nación, estos han seguido caminando. Los líderes no han asumido la actitud del Maestro. Jesús andaba enfocado en lo importante, los líderes de nuestra patria no. Prefieren trabajar lo simple y resolver con urgencia. Andan desenfocados, no quieren voltearse y hablar.


Mafalda tiene razón, a veces “Lo urgente no deja tiempo para lo importante”. Pero en este caso lo que falta no es tiempo, sino voluntad.

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