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viernes, 7 de noviembre de 2025

Celebrando la Puertorriqueñidad en Nuestras Iglesias

La Puertorriqueñidad


En muchas escuelas, lugares de trabajo y en nuestras Iglesias celebramos nos todos los años, el día de la “Puertorriqueñidad”. 


Decoraciones apropiadas se colocan incluyendo la bandera nacional con su triángulo azul celeste. En las iglesias la liturgia incluye cánticos con música típica y se desarrollan actividades alusivas al tema.


“Pero qué es eso de la puertorriqueñidad?


Para algunas personas esta palabra o concepto puede tener un significados impreciso. Para aclararlo me hice algunas preguntas:


¿Acaso se se trata solo de nuestras costumbres, las comidas, las artes y vestimentas tradicionales o de símbolos nacionales como la bandera; o el uso del español al estilo puertorriqueño? ¿Qué relevancia tendría si fuera así?


¿Además me pregunto por qué como comunidad de fe queremos celebrar y afirmar la puertorriqueñidad? ¿Acaso es este tema el favorito de algunos políticos y de algunas organizaciones socio/culturales? ¿Como comunidad de fe e iglesia en Puerto Rico, nos interesa la puertorriqueñidad genuinamente o es una costumbre más?


Me acerco a tema afirmando que la Puertoriqueñidad es una vivencia compartida con otros, es decir, una experiencia colectiva y de grupo que nos define y distingue del otros grupos y otras comunidades.


Esta convivencia nos permite el desarrollo de nuestro ser y éste se forja al interactuar con otros en nuestra comunidad. La comunidad nos forma a grandes rasgos pero nos permita algún nivel de desarrollo personal a la misma vez que nosotros podemos influenciar en ella y transformarla también. 


Esta comunidad mayor es parte importante de nuestro entorno y tiene características socioculturales que reproduce y proyecta formando lo que podemos llamar nuestra Identidad Nacional


La palabra puertorriqueñidad indica que es perteneciente a Puerto Rico lo que nos permite afirmar que existe una Identidad Nacional Puertorriqueña del cual somos parte y que sin ella seríamos otra cosa. 


Puertorriqueñidad = Identidad Nacional Puertorriqueña.


Nuestra Identidad personal se entrelazada con esta Identidad Nacional moldeando nuestra forma de entender al mundo. Nos provee experiencias compartidas y una memoria colectiva sobre nuestra historia y cientos de años a lucha contra adversidades naturales, sociales y políticas.


No es posible hablar de Puertorriqueñidad sin conocer nuestra historia, nuestras luchas, logros y retos como Pueblo. No es posible entender quienes somos sin reconocer nuestra Identidad Nacional.


¿Podremos separar nuestra Identidad National y personal de nuestra fe cristiana? Yo creo que no


Al acercarme a Dios reconozco que hay dos partes envueltas. Una es Dios y la otra soy yo: Yo como persona, yo como Iglesia, yo comunidad, yo como nación y yo como humanidad.


La Identidad Personal y Nacional es un concepto fundamental en la Biblia que se refiere a la naturaleza única y distintiva de una persona, un pueblo o una nación. En el contexto bíblico, la identidad está relacionada con la comprensión que tenemos de nosotros mismos y quiénes somos con relación a Dios y con los demás.

Génesis 1:27 lee: “creó Dios al hombre a su imagen”… estableciendo que tenemos una identidad que no nos separa de la creación pero nos distingue y nos conecta con Dios.

La identidad también esta atada con la pertenencia a un pueblo o una nación. Dios no solo establece vínculos con personas sino que reconoce la identidad colectiva como hizo con el Antiguo Pueblo Hebreo. Así también lo hace con el Pueblo Cristiano Puertorriqueño.

En Gálatas 2:20 el apóstol Pablo describe una nueva identidad personal y colectiva. Vivir en Cristo nos hace parte de una nueva comunidad, un nuevo pueblo; una nueva nación. En Cristo somos parte de la Iglesia y una nueva nación que busca el Reino de Dios.

Nosotros no existimos en el vacío sino que nuestro contexto nos define en gran manera. No es lo mismo ser cristiano en Alemania que ser cristiano en Puerto Rico. Tenemos valores cristianos en común con cristianos a través del mundo pero en Puerto Rico lo manifestamos de manera diferente.  

Vemos y sentimos a Dios a través de los ojos de nuestra cultura e historia. La puertorriqueñidad es nuestra Identidad National y por ella tenemos una forma particular de entender y conocer y finalmente relacionarnos con Dios.

Celebremos con alegría y júbilo nuestra Identidad Nacional y nuestra puertorriqueñidad. Somos y seremos siempre cristianos a la Puertorriqueña.

Dios les continue Bendiciendo. 

Autor: David Febo Serrano

viernes, 26 de febrero de 2016

Tuve un Sueño



Yo también tuve un sueño.

Mi pequeño ser, mi niño o niña  interna, tuvo un sueño. Soñó y soñé que la campaña electoral episcopal había culminado. En mi sueño me encontraba en tiempo de reflexión. Tiempo para orar y meditar antes de emitir mi voto. 

Había silencio y paz, no habían reuniones ni encuentros, ni llamadas telefónicas, ni visitas inesperadas. No se escuchaban pronósticos ni estadísticas. Se había terminado el concurso de endosos. No había discrimen ni favoritismo, ni conflictos de interés. Nadie hacia la pregunta inoportuna ¿"Por quién vas a votar"? 

Nadie pudo comprometerme con palabrerías o intimidarme con su autoridad ni ganarme con sus promesas. No decidí mi voto por temor ni lo vendí por lentejas. No escuché voces y ruido; escuché mi conciencia. 

En mi sueño pensaba en el futuro de mi iglesia y no fui egoísta, puse a Dios y la Iglesia primero y a mí último. Dije en mi sueño, daré un voto de conciencia.


Desperté con alegría, Dios me había visitado, Él hará su obra y yo seré parte de eso. 

No soy el Dr. King, ni cerca, pero te invito a compartir mi sueño. 


Con regocijo,
David Febo Serrano

martes, 2 de febrero de 2016

“Señor, ¿Cuál es tu Iglesia?"




"Lo que en realidad importa no son tanto las Iglesias sino el fenómeno cristiano y su función benéfica para la espiritualidad de los seres humanos."

Aquí comparto un relato de Leonardo Boff que encontré interesante... para meditar

Recuerdos de un carnaval de Iglesias


  Una imagen poderosa me acompaña desde hace años: la celebración de los mil años de cristianismo en Rus, la antigua Rusia. Nos da pistas para el verdadero ecumenismo.

En 1989, el gobierno soviético y la Iglesia Ortodoxa convidaron a las celebraciones a representantes cristianos de todas las denominaciones existentes en la faz de la Tierra. Había más de mil denominaciones, desde la Iglesia de la Liberación en América Latina (que Gustavo Gutiérrez y yo representábamos, para irritación de las autoridades romanas y gozo de los marxistas) hasta la pequeñita Iglesia de Galilea, cuyos representantes se remontan a los parientes de Jesús.

Reunidos en el Teatro Bolshoi durante todo un día, cada denominación expresaba su fe, en pocos minutos, y formulaba buenos deseos al pueblo ortodoxo ruso. Parecía un carnaval cristiano, tal era la profusión de indumentarias, de colores y de títulos honoríficos. Todos durante aquella semana de celebraciones desfilaban en sus trajes con garbo y elegancia. Yo circulaba con mi sencillo hábito de franciscano, con capucha y cordón, representando indignamente a la Iglesia de los pobres de América Latina.

En las conversaciones de aquellos días percibí que cada iglesia se consideraba la verdadera.

Y todos sus representantes, especialmente los venidos de Roma, caminaban soberbios portando sobre su espalda algo que imaginan solamente ellos pueden llevar: la verdad revelada, todos los medios de salvación y la única Iglesia de Cristo (las otras apenas tendrían "elementos eclesiales"). Algunos andaban curvados bajo el peso de tanta pretensión.

Pensaba para mí mismo: todos aciertan y todos se equivocan.

Todos aciertan porque nadie está fuera de Cristo y alejado de la verdad. Todos se equivocan porque nadie puede contener en sus vasijas todo el agua del océano cristiano.


En un momento de la ceremonia, angustiado, lancé al cielo esta pregunta: “Señor, ¿cuál es tu Iglesia, quienes son los tuyos? ¡Revélamelo por tu inmensa bondad!” Y escuché, en el cielo de mi mente, esta respuesta: “Todos son los míos, todos tienen mi herencia y todos componen mi Iglesia”.

Efectivamente, sin las Iglesias, Cristo tal vez habría sido tragado por el olvido, como lo fueron tantos místicos y maestros espirituales.

Pero ellas no sustituyen a Cristo, sólo lo representan. No son la Luz, sino la lamparita.

Las personas que no perciben este matiz fundamental dicen pesarosas: entre la Iglesia y Cristo prefiero quedarme con Cristo. Otros, más sensatos, relativizan la Iglesia y dicen: quedémonos con Jesús y con la Iglesia, pero cada uno a su nivel. El nivel absoluto y fundador es Cristo. El nivel relativo y fundado es la Iglesia. Cristo es el sol que irradia por sí mismo; la Iglesia, la luna, iluminada por el sol.

Como todas las Iglesias portan la memoria de Jesús, todas deben vivir en comunión de reciprocidad. Juntas-en-relación-recíproca forman la única Iglesia de Jesús y de Dios en la Tierra.

Lo que en realidad importa no son tanto las Iglesias sino el fenómeno cristiano y su función benéfica para la espiritualidad de los seres humanos. Todas las Iglesias son de Cristo, pero Cristo es para los humanos y los humanos son para los otros humanos, hombres y mujeres, y todos somos para Dios.

viernes, 29 de enero de 2016

Campañas electorales en la iglesia



 Once razones por qué las campañas electorales dentro de las iglesias no son buenas

Por David Febo

1. Afecta relaciones


Una vez comienza una campaña los/las pastores/pastoras se convierte en contrincantes, en adversarios y en el impedimento a las aspiraciones del otro.

2. Es injusto



Rara vez los candidatos tienen los mismos recursos. Los candidatos y candidatas desarrollan campañas en desigualdad de condiciones.

3. Es un derroche de recursos



Incurren en grandes gastos en material promocional y logístico para vencer en la contienda electoral.

4. No se usan los mejores medios para comunicar ideas.


Aunque las redes sociales tienen sus usos legítimos; los medios de difusión social como Facebook, Twitter, youtube, prensa escrita, radial y televisiva, cruza calles, calcomanías y posters muchas veces no son educativos sino solo promocionales.
Usar éstos para “venderse” no es lo más apropiado para la iglesia por lo que necesitamos encontrar una mejor opción.

5. El delegado se ve presionado y obligado.



Se contactan a delegados para comprometerlos con su voto sin que éstos hallan tenido la oportunidad de analizar las sus opciones. Luego se sienten obligados a votar por un candidato en particular y no por lo que su conciencia le dicta.

6. Esto es riesgoso para la iglesia


El candidato con mas recursos, contactos y mejor manejo publicitario podrá proyectar una mejor imagen. Los delegados serán influenciados con estrategias publicitarias a votar por éste no necesariamente por ser el candidato idóneo para servir la iglesia, sino por la efectividad de su campaña.

8. Crea una falsa imagen


En vez de un evento educativo y de orientación lo que ocurre es la creación de una imagen del candidato o candidata.

9. No se presentan soluciones



Con una buena imagen las ideas y el Proyecto de Iglesia cobra segundo plano. Se tiende a presentar soluciones genéricas y promesas de campaña únicamente.

10. Imitamos lo peor del "mundo."



En medio de los fragor de una campaña intensa se presta a un sinnúmero de acciones que son comunes en campañas políticas pero que dentro del cuerpo de Cristo son indeseables.

11. Puede hacer daño moral y espiritual



Las campañas electorales tienden a inducir a la compra de votos, y otras aciones indeseables. Existe la tentación de criticar al otro con ataques personales y destruir su imagen en vez de educar al pueblo. Estas acciones usualmente se hacen a trastienda y no públicamente.

Esto puede hacer un daño moral y espiritual irreparable y afecta a toda la iglesia. Eventualmente con el discernimiento que posee la iglesia, ésta se da cuenta y se siente defraudada.


Ver artículo completo aquí abajo

jueves, 17 de diciembre de 2015

La silla Episcopal







"El único objetivo y consideración de una campaña electoral es ganar"

La Silla Episcopal

Por David Febo 

Las funciones del episcopado, son múltiples y complejas. Primordialmente el obispo o la obispa es responsable de guiar y dirigir nuestra iglesia al cumplimiento de su misión. Además es responsable que se cumpla con el Libro de la Disciplina en su palabra y en su espíritu.



Es claro que este proceso de elegir uno de nuestros pastores o pastoras a la Silla Episcopal es fundamental para el desarrollo y futuro de nuestra iglesia.


Usted ama su iglesia y trabaja a nivel local. Pero algunos no están familiarizados con los procesos de la "Conferencia" y otros por estar ocupados en sus iglesias están ajenos de los asuntos legislativos y electorales.


Sin embargo, en Lucas: 2:49 el Señor nos da el ejemplo y nos invita a participar "¿No sabes que en los negocios de mi Padre me es necesario estar?" ¡Que más nosotros que somos sus seguidores!


Elegir la persona idónea para obispo u obispa se logra si lo llevamos en oración y el proceso es lo más democrático posible.


Comenzamos asegurándonos que la iglesia pueda evaluar y considerar el mayor número de aspirantes posibles. Es importante en la democracia y más beneficioso para la iglesia que haya de una pluralidad de candidatos a la hora de elegir.

Hay ocaciones en que nos volvemos tan exigentes que impedimos que se manifiesten los dones del espíritu. Imponemos restricciones excesivas que obstaculicen la participación de unos a favor de otros.

No permitimos que la asamblea en el ejercicio de su soberanía, ejerza su discernimiento y sabiduría colectiva con respecto a TODOS los aspirantes.

Pareciera tarde para esto, pero en Cristo nunca es tarde para enmendar y abrir ese espacio.


Una vez tenemos ante nosotros los candidatos la iglesia deber ser adecuadamente informada.


Queremos tener la misma oportunidad de conocer a cada candidato en condiciones iguales, sin favoritismos y sin ventajas de unos sobre otros.

Lo que hemos hecho en el pasado es pedirle a los candidatos que desarrollen campañas electorales similares a los que hacen los partidos políticos. No culpo a los candidatos ya que ellos son víctimas del proceso. Sin Embargo, parecemos un partido político en medio de unas primarias.



¿Estaremos imitando al "mundo"?



Definiciones: Campaña electoral o politica


Las acciones que desarrolla que se desarrollan con el objetivo de influir en la decisión de los votantes de cara a las elecciones.

Una campaña es una iniciativa organizada para ejercer presión sobre las personas a fin de influir en sus acciones.

El único objetivo y consideración de la campaña electoral es ganar.

Hacer una campaña electoral y no establecer pautas que conduzcan un evento educativo es obligar a los aspirantes participar en lo que parece más una campaña política que un evento de iglesia e informativo.

¿Le habremos fallado a la Iglesia y a los aspirantes al episcopado?



¿Por qué las campañas no funcionan?

1. Afecta relaciones.

Una vez comienza una campaña los/las pastores/pastoras se convierte en contrincantes, en adversarios y en el impedimento a las aspiraciones del otro.

2. Es injusto.

Rara vez los candidatos tienen los mismos recursos. Los candidatos y candidatas desarrollan campañas en desigualdad de condiciones.

3. Es un derroche de recursos.

Incurren en grandes gastos en material promocional y logístico para vencer en la contienda electoral.

4. No se usan los mejores medios para comunicar ideas.



Aunque las redes sociales como como Facebook y Twitter tienen sus usos y los medios difusión masiva como youtube, espacio en la prensa y tiempo en la radio también; usar éstos para “venderse” no es lo más apropiado para la iglesia por lo que necesitamos encontrar una mejor opción.

5. El delegado se ve presionado y obligado.

Se contactan a delegados para comprometerlos con su voto sin que éstos hallan tenido la oportunidad de analizar las sus opciones. Luego se sienten obligados a votar por un candidato en particular y no por lo que su conciencia le dicta.


6. Esto es riesgoso para la iglesia.

El candidato con mas recursos, contactos y mejor manejo publicitario podrá proyectar una mejor imagen. Los delegados serán influenciados con estrategias publicitarias a votar por éste no necesariamente por ser el candidato idóneo para servir la iglesia, sino por la efectividad de su campaña.


8. Crea una falsa imagen.

En vez de un evento educativo y de orientación lo que ocurre es la creación de una imagen del candidato o candidata.

9. No se presentan soluciones.

Con una buena imagen las ideas y el Proyecto de Iglesia cobra segundo plano.

10. Imitamos lo peor del "mundo."

En medio de los fragor de una campaña intensa se presta a un sinnúmero de acciones que son comunes en campañas políticas pero que dentro del cuerpo de Cristo son indeseables.

11. Puede hacer daño moral y espiritual.

Las campañas electorales tienden a inducir al uso de la intimidación y la compra de votos, y otras aciones indeseables. Existe la tentación de criticar al otro con ataques personales y destruir su imagen en vez de educar al pueblo. Estas acciones usualmente se hacen a trastienda y no públicamente.


Esto puede hacer un daño moral y espiritual irreparable y afecta a toda la iglesia. Eventualmente con el discernimiento que posee la iglesia, ésta se da cuenta y se siente defraudada. Éste es el legado de imitar al mundo en la campaña electoral.  


No sugerimos que esto necesariamente va a suceder pero nos toca a nosotros, la iglesia, sentar las bases de un evento justo y a la altura de hombres y mujeres de Dios. 



No a la Campaña
Bienvenida La Jornada Educativa.


Proponemos que la Iglesia desarrolle un Jornada Educativa en lugar de fomentar una campaña electoral. La Jornada educativa es más en conformidad con lo que somos y lo que queremos ser:     El Cuerpo de Cristo.



¿Que es una Jornada Educativa y cómo se lleva a cabo?

Una Jornada Educativa es una serie de eventos coordinados y dirigidos a educar y orientar a la iglesia sobre los aspirantes a obispo u obispa. En esta Jornada los aspirantes se comprometen y se inhiben de toda acción publicitaria y no han de promover su candidatura de ninguna manera que no sea la desarrollada dentro de la Jornada educativa.

1. La imparcialidad es ineludible para el desarrollo de un evento justo y democrático. El Obispo, el Comité de Nominaciones Episcopal y otras entidades de la Conferencia mantendrán neutralidad y se inhibirán de toda acción o comentario que favorezca o de la apariencia de favorecer algún candidato.

2. Ningún aspirante promoverá, aceptará o publicará endosos a su candidatura.

3. Solo requiere dos elementos: Uno documentado (escrito y video) y otro de contacto en vivo.


Un único documento y video

Proponemos que la jornada se planifique y coordine entre los candidatos y el comité Episcopal donde se produce un único documento y video para todos los/las candidatos/candidatas:

1. Un formato de una página: Nombre, educación, experiencia profesional etc. y una segunda página donde el aspirante expresa un resumen de su plan para la iglesia. 


2. Se produce un único video con todos los candidatos con un mismo formato y tiempo igual. Este deberá ser distribuido a toda la iglesia y accesible en el internet.

3. El Comité de Nominación Episcopal preparará una carpeta con todos los documentos y videos para ser distribuidos a los delegados y a toda la iglesia. Los candidatos y candidatas no producirán otro documento.


Actividad de cara a cara con la iglesia:

1. Se podrá visitar toda la isla por regiones haciendo el mayor esfuerzo de hacer viable la participación de todas las iglesias y delegados.

2. El formato no debe ser uno de debate sino uno informativo. Los candidatos utilizarán un mismo bosquejo y formato:





3. Presentaciones cortas para que la iglesia conozca al aspirante y los elementos más importantes de su plan de trabajo.

4. Solo se les harán preguntas aclaratorias de las presentaciones.

5. Cualquier pregunta que surja solo se permitirá si es apropiada y si la misma será contestada por todos y todas las candidatas y candidatos. Esto evitará preguntas capciosas y maliciosas contra un candidato o candidata.



Tiempo de reflexión

Finalmente la iglesia necesita la jornada de reflexión. Tiempo de silencio para orar y meditar antes de emitir su voto. Toda actividad educativa pausará un tiempo prudente antes de la asamblea según acordado por los y las candidatos y el comité episcopal.


Nota final

Esta Jornada es todo lo que necesita la iglesia para elegir su obispo u obispa. Minimiza los conflictos, es justo, democrático, participativo y educativo.

Dejemos de lado la campaña electoral y hagamos La Jornada Educativa. Encarecidamente le solicito que Iglesia adopte esta propuesta para bendición de nuestra iglesia.

Gracias por leer, es hora de actuar,

David Febo Serrano

www.dialogometodista.blogspot.com

jueves, 5 de febrero de 2015

Hipócritas

"Creo que la teología ha evolucionado sin alterar el eje central ni la base de la misma." 

Hipócritas 

Por: Rubén David - Estudiante de Teología
  
Leía un libro de David Kinnaman titulado “Casi Cristianos” donde se exponen las razones principales, según un estudio de campo, por las cuales las personas dejan de asistir o no asisten a la iglesia.  Uno de los capítulos habla sobre la “hipocresía”; sobre cómo los no cristianos creen que los cristianos somos “hipócritas”. 

Captó mi interés porque, según el estudio, no somos hipócritas porque decimos una cosa y hacemos otra, sino más bien somos hipócritas porque no somos abiertos en admitir nuestras fallas, nuestro pensamiento o nuestro estilo de vida.  O sea, los no cristianos nos reconocen como hipócritas cuando creemos que no somos pecadores, cuando no somos abiertos con nuestra vida o cuando intentamos aparentar ser más santos que San Pedro. 

Me impactó mucho saber que, nuevamente según este estudio, lo que las personas no cristianas esperan de nosotros, los que sí nos identificamos como cristianos, son: apertura, honestidad e igualdad.  Esperan que reconozcamos que ambos, ellos y nosotros, somos hijos e hijas de Dios y de este planeta, que somos humanos todos y que el hecho de profesar una fe no nos hace más ni menos que ellos.  

Esto me lleva a pensar que este asunto representa un enorme problema porque muchas veces es dentro de la misma iglesia donde no podemos ser totalmente honestos por miedo a ser juzgados.  Sea porque somos demasiado conservadores y nos acusen de ridículos o homofóbicos o porque seamos demasiado abiertos y nos acusen de pecadores empedernidos. Entendí que es dentro de la misma iglesia donde comienzan muchas veces esos problemas de “hipocresía”.

Este asunto de “hipócritas” dentro la iglesia llamó mucho mi atención, más aún cuando siempre me he considerado una persona con una mentalidad bastante amplia y abierta dentro del cristianismo.  Me crié en un hogar donde la iglesia era y es lo primordial, mis padres y familiares me lo enseñaron así.  No lo acepté, sin embargo, porque me lo presentaran “así porque sí” sino más bien, mi convicción con Jesús se debe a una experiencia real de fe y a un estudio serio y claro que me ha llevado a la conclusión de que vivir dentro de los parámetros y bajo las enseñanzas de Jesús es la mejor opción para mi vida.

No obstante, quizás por la apertura y ambiente familiar en el que me crié, mezclado con los años que pasé viviendo sólo y las experiencias de marginación vividas dentro de la misma iglesia, es que siempre, como dije, he mantenido una mente más abierta. Creo que a veces por esta razón he sido catalogado dentro de la iglesia como uno de esos “hipócritas”. 


Permítame ser honesto y explicar: Muchas personas llegan a creer que mi cristianismo es erróneo, incorrecto y hasta “anti-cristiano” por la manera en que me conduzco diariamente.  No ando con una Biblia debajo de mi brazo.  No ando con cruces ni collares.  Mis comentarios en las redes sociales son bastante sarcásticos, burlones y a veces de un humor pesado.  Disfruto muchísimo series de televisión que rayan en lo irreverente y que se burlan y satirizan el mundo actual.  Puedo, en toda comodidad, sentarme en el balcón de mi casa, con mi esposa, a disfrutar un buen whiskey.  Tengo muy pocos tabúes.

 Creo que la teología ha evolucionado sin alterar el eje central ni la base de la misma y no tengo reparos en admitir mis posturas “controversiales” sobre la aceptación del homosexualismo como una orientación sexual normal en el mundo.

Usted que me lee es una persona igual que yo (cristiano o no) que se conduce diariamente por la vida, disfrutando las enormes bendiciones que Dios nos da. 

La diferencia entre una persona no-cristiana y yo, es que yo lo hago creyendo firmemente en que el enorme amor de Dios me rodea, en que me entiende, en que interviene en mi vida y en que Sus ideas sobre la vida y amor al prójimo proponen, a mi entender, una sana convivencia. Vivo mi vida con Jesús como centro de todo y con la firme intención de compartir Sus enseñanzas con quienes me rodean.

Quizás le suene chocante, pero le aseguro que mi devoción es enorme.  Creo en la evangelización activa, leo la Biblia, leo libros sobre Dios, estoy totalmente comprometido con la causa de Jesús y ¿sabe qué?, no me siento hipócrita, que falto a Dios, ni mucho menos que me alejo de Su propósito por mi comportamiento.  Por el contrario, dentro de la libertad que Jesús me permite, vivo mi vida disfrutando los días, compartiendo con el prójimo y llevando el mensaje de Cristo a todo el que puedo. 

Oiga, yo no soy perfecto ni mejor que alguien.  Decir que el cristianismo y mi devoción a Jesús me sacan de mi humanidad y me alejan de mis defectos no sería una aseveración correcta.  Ser cristiano no es sinónimo de perfección y ser imperfecto no me hace hipócrita.  Ser cristiano, para mí, es creer que Dios, en Su amor infinito, me ama y que a través de Su amor y gracia puedo lograr un cambio significativo en el mundo que me rodea, aún siendo imperfecto.

No creo que lo antes descrito como mi comportamiento normal sean defectos, ni mucho menos que vayan en contra de Jesús, pero en el cristianismo que vivimos hoy en día, muchas veces estas conductas no son aceptables por aquellos que afirman conocer a ciencia cierta el pensamiento completo de Dios.  Yo no creo conocer completamente el pensamiento de Dios.  John Burke explica en su libro “No se admiten personas perfectas” lo siguiente:

“Tiene que haber algo de misterio asociado a Dios.
 De modo que no sepamos a ciencia cierta en la manera en que Él opera.”

No critico quien afirma conocer totalmente los pensamientos de Dios, pero sí admito que yo no los conozco ni los entiendo completamente.  Soy fiel y me adhiero a La Biblia cuando establece:

“Mis pensamientos no son vuestros pensamientos.”

 Por esto, practico mi convicción cristiana de la manera en que entiendo e interpreto correcta, sana, saludable y acorde con Jesús y sus enseñanzas.

Tampoco quisiera que esto que le comparto le incomode, le moleste o le afecte.  Cada uno de nosotros establece una relación de amor profundo con Dios basada en la intervención de Su hijo Jesucristo en nuestra vida.  Creemos, todos los que hemos conocido a Dios y que es a través de Jesús que podemos conseguir la salvación eterna. Por esto, creo que cada relación con Dios es totalmente personal. 

No me considero más “cool” ni mejor que nadie por sentir que tengo una mente abierta sobre el cristianismo, al igual que no considero erróneo ni disparatero a aquel que tiene un pensamiento más conservador sobre Jesús y el “comportamiento correcto de un cristiano”.  Sí creo que todos; usted que no comparte mi idea de apertura y yo, que no comparto la suya conservadora, estamos en la misma misión, con la misma idea de llevar el mensaje del amor salvífico de Jesús a todos.

No espero convencerlo a que usted comparta mi visión de vida.  Tampoco es mi interés complacer su idea de Jesús pues La Biblia es enorme y aún ella misma no puede encerrar completamente a Dios. No vamos a estar de acuerdo en todo. Lo que sí podemos hacer es partir desde la base y de dónde convergemos para formar un ejército hermoso de cambio positivo. 

Yo soy así, de esta manera y en este estilo de vida he encontrado a Dios. Crezco, cultivo, intimo y mejoro mi relación con Dios día a día y no me avergüenzo de expresar mi total entrega y convicción a la causa de Jesús.  No hay nada mejor que vivir bajo Su presencia seguros que Su amor está sobre nosotros. 

Tampoco soy perfecto.  Mis errores son incontables y mis fallas incalculables.  Si en algo le he ofendido, discúlpeme, si le he fallado, excúseme, si le he herido, perdóneme. Intento diariamente parecerme más a Jesús.  Unos días lograré parecerme mucho a Jesús, otros serán más difíciles y quizás no lo logre.  En esos momentos a mi mente vendrá una cita de Max Lucado que decía algo como esto:

“Cuando lo logre, daré gracias.  Cuando no, buscaré Su gracia.”

Sea un día de gracias o de gracia, Dios está conmigo y mi intención de ser mejor y parecerme más a Jesús que me acompaña siempre. Respetemos las distintas maneras de relacionarse con Dios poniendo siempre como centro Su amor.  Solamente así podemos levantar una iglesia que sea realmente honesta, activa y pertinente. Solamente así podremos compartir con aquellos hermanos no cristianos el verdadero sacrificio y gracia de Jesús para la humanidad. Seamos honestos, aceptemos al prójimo, amemos a nuestros hermanos y parezcámonos día a día más a Jesús.  Amén.

[ilustraciones y fotos añadidas por Dialogo-metodista]